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El diario de Génesis

EL MAGO DE BERLÍN

Había una vez un hombre alto, de tez blanca y ojos cristalinos. Su mirada era firme, su voz, profunda y segura. Lo conocían como  el Mago de Berlín . Cada tarde se detenía en diferentes plazas o boulevard; allí, con un leve movimiento de sus manos cubiertas por impecables guantes blancos, hacía magia. Las personas se detenían fascinadas. Era imposible apartar la vista de aquel hombre alto misterioso. Su frase resonaba en mi mente cuando lo veía  "Nada es imposible, si puedes imaginarlo." Decían que tras aquellos guantes se ocultaba un secreto. Un misterio que ni el más hábil de los ilusionistas ni el periodista más persistente había conseguido descifrar. En los titulares su nombre se repetía con insistencia: “El gran mago… el gran mago… quién es el gran Mago de Berlín.” Y sí, lo era. Un verdadero mago, un día llegó de la nada y comenzó a sonar en todos lados. Un hombre sin filtros, sin miedos, atento a cada detalle, dueño de una elegancia que parecía venir de otro tiempo. ...

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